Marilene Rodrigues Fernandes  Una mirada al cuerpo como agente activo en el proceso  de individuación

Marilene Rodrigues Fernandes: Una mirada al cuerpo como agente activo en el proceso de individuación, de procesos analíticos y de formación como analistas

El domingo 2 de abril, la analista Marilene Rodrigues dictó el Workshop: Imaginación activa en Movimiento, donde el protagonista fue el movimiento y la danza como una forma de imaginación activa en análisis. A continuación les dejamos una pequeña entrevista con Marilene, quien nos relató su experiencia.

 

-Cómo describirías la experiencia que se vivió en el taller.

Pienso que tuvimos una muy rica experiencia, desde de lo individual, así como lo compartido en grupo. Partimos del concepto teórico de imaginación activa como proceso, que nos brinda la posibilidad de establecer negociaciones con la conciencia y, a su debido momento, llegar a un acuerdo con las fuerzas y figuras del inconsciente y cómo esto se puede dar con el Método del Movimiento Auténtico o Imaginación Activa en Movimiento.
El Movimiento Auténtico como proceso se basa en lo que el propio Jung sugirió: que el movimiento corporal expresivo es una de las muchas maneras de dar forma al inconsciente, un puente entre inconsciencia y conciencia en su estado natural.
Para esto partimos de una reflexión, que me parece muy relevante, sobre el tema del Cuerpo en la Psicología Analítica. No solamente el cuerpo estudiado y comprendido, sino también el cuerpo del paciente y del analista, como agente activo en sus procesos de individuación, procesos analíticos y procesos de formación como analistas. El cuerpo vivido, sensible y empático al “otro”.

 

Qué destacarías del grupo que lo vivió…

Lo que destacaría de nuestra experiencia como grupo es que se generó un espacio de profundo respeto y cuidado de uno con el otro, lo que fue imprescindible para asegurar que se podía mover con el tema del cuerpo y con el material del Inconsciente en grupo, de manera segura y en confianza.
Fue un grupo muy contenedor y respetuoso en que cada uno pudo aportar mucho desde su experiencia.
También hubo la posibilidad de estimular y reconocer una mayor percepción y expresión de nuestro cuerpo como un espacio en que están plasmadas nuestras experiencias, memorias, nuestros traumas físicos y emocionales y que a través del movimiento, de la relajación, del trabajo con los sueños y otras técnicas expresivas se posibilitó el acceso a las emociones que pudieran ser cuidadosamente recibidas, confrontadas y posibles de ser reintegradas a la identidad de cada uno.
Creo que el grupo también pudo percibir un poco más la importancia del trabajo con el Movimiento Auténtico como una herramienta potente para el ejercicio de escucha del “otro”. El “otro” de afuera y el “otro” de adentro, en un ejercicio de dar voz y escuchar el otro, estableciendo un diálogo en una posición dialéctica y de alteridad.
Cada uno de los participantes pudo experimentar los roles de movedor y testigo y sus distintos aspectos en las etapas y estructura del Movimiento auténtico, buscando siempre hacer puentes con los procesos analíticos y validando siempre el respeto por la experiencia del otro como esencial a esta nueva manera de comunicar.

 

Con qué reflexión te quedaste como facilitadora…

Me quedo con un sentimiento grato por la experiencia vivida y compartida, en especial por observar que el grupo en general se sorprendió con “el resultado” de la propia experiencia. Siento que este tipo de trabajo permite a cada uno acercarse más a los contenidos teóricos de la Psicología Analítica desde la experiencia y también sirve de estímulo para comprender más la propuesta de Jung.
El otro punto es que el ambiente que se genera es muy grato y la gente puede aprender, pero también se siente cuidada y contenida, lo que hace que el proceso le sirva también como un autocuidado, fundamental para nuestro trabajo en área de la salud.
Por último, lo que también es muy agradable, es ver que al inicio del Workshop, partimos de un trabajo muy individual, con una propuesta de escucha interna y atención focalizada en nuestras imágenes, gestos y sueños, todos vistos como un reflejo de nuestro proceso interno y, al considerar que muchas de nuestras heridas ocurren en el contexto de nuestras relaciones, tuvimos la oportunidad de vivenciar cómo es posible a través de este trabajo en pares y en grupo generar un espacio en que el proceso terapéutico se da a través de las “relaciones” establecidas con una nueva comunicación. Lo que legitima el lugar del “otro” en nuestro proceso y nos permite lidiar con más tolerancia con las diferencias que se nos presentan y, en la medida que buscamos integrarlas, alcanzamos un grato sabor de unión y totalidad.
Lo mejor es compartir el interés por la continuidad con los estudios a partir de la experiencia vivida.