El 12 de noviembre pasado, justo el día en que nos reuníamos en nuestro almuerzo de la SCPA, Felipe Banderas, router y profesor del Magíster y escritor, abría la jornada del II Congreso que se realizaba en Chile.

Era una charla que concitaba atención porque buscaba dar sustento serio y documentado a una relación de la que Jung nunca habló en detalle. Acá les dejamos una entrevista con lo que Felipe descubrió.

 

Felipe, ¿Por qué te vinculaste a la astrología?

Mi vínculo con el mundo de la astrología tiene más de quince años y se relaciona directamente con mi señora, Daniela Apara. Ella es astróloga y ha estudiado en distintas escuelas, con astrólogos nacionales e internacionales. El fuerte vínculo que ella tiene con la carta astral me llevó a conocer personas muy interesantes, actuales amigos que pertenecen a dicho mundo. De hecho, a modo de anécdota, puedo contarte que por años mi esposa y yo estuvimos reuniéndonos de forma cordial con algunos de sus camaradas. Inevitablemente en algún momento se iniciaba entre ellos alguna conversación astrológica. Casas, planetas, cuadraturas, sextiles, tránsitos… Un idioma extranjero que no era capaz de comprender, y sólo me remitía a escuchar con curiosidad. Pero con el paso de los años me fui dando cuenta que de tanto dar oídos a ese extraño lenguaje, comencé a entenderlo. Ahí surgió mi interés por clarificar la relación que Carl Jung estableció con la astrología.

 

¿Cómo nació tu participación en el Congreso de Astrología? ¿Por qué decidiste participar?

Fui invitado de una manera cordial por amigos astrólogos (Paulina Peñafiel y Anibal Bascuñan). Ellos siempre han mostrado interés por el mundo de la psicología analítica y pensaron que sería buena idea restablecer el puente de conversación. A Pablo Flores, organizador del congreso, también le pareció una buena idea. En lo personal, me decidí a participar por la motivación que siento de restaurar la evidente conexión que existe entre la astrología y el trabajo de Jung, y que el mundo académico ha tendido a dejar a un costado. De hecho, Jung ocupó la carta astral con sus pacientes y pensaba que la astrología era la hermana mayor de la psicología. La consideraba como la antigua psicología, un conocimiento que representa la suma de todos los conocimientos psicológicos de la antigüedad. En este sentido, la astrología realizó un inmenso aporte a las bases teóricas de la psicología analítica, aunque es algo que ha tendido a quedar implícito.

La colaboración a la inversa, es decir, de la psicología analítica a la astrología, no está del todo claro y por tanto ese es otro punto que me interesa. Desde esta segunda perspectiva podemos pensar en cómo la temática de la actitud simbólica puede enriquecer a los astrólogos, considerando la importancia del pensamiento simbólico. Pero esto es secundario en relación a la influencia de lo astrológico en Jung, pues desde su perspectiva la astrología consiste en las configuraciones simbólicas de lo inconsciente colectivo. Los planetas serían los dioses, símbolos de las potencias de lo inconsciente, y la carta astral aparece como el vínculo y el diálogo mutuo entre esos dioses, el escenario mítico de los arquetipos psíquicos que generan, en el individuo, la experiencia subjetiva de la completitud.

 

Tu foco central fue buscar puentes entre la Psicología Analítica y la Astrología. ¿Cuáles son los puntos centrales que encontraste?

Esto es muy importante. Los doce signos del zodiaco son doce imágenes arquetípicas, expresiones de lo inconsciente colectivo. La astrología es la observación e interpretación de la correspondencia entre el mundo humano (abajo) y el mundo de los cielos (arriba). Aparece en prácticamente todas las culturas del mundo y en todas las épocas. Por ejemplo, Stonehenge es uno de los observatorios más importantes de la edad de piedra. En el solsticio de verano el sol sale directamente sobre la “piedra del Sol”, pero la construcción también sirve como una calculadora de eclipses, eclipses que no pueden observarse a simple vista. Eso es muy interesante, pues ya en los sujetos de esa época parece haber más que un simple interés astronómico. Desde tiempos inmemoriales, el terrible espectáculo de la serpiente o dragón que se devora al sol y la luna fue presagiado como un momento crítico para la humanidad (en la astrología moderna dicha interpretación no ha variado en demasía).

De la misma forma, esta percepción primigenia de la relación de la tierra con el cielo funda la mitología mundial. Nut, diosa egipcia del cielo, se despliega en el horizonte sobre el cuerpo de Geb, la tierra. Sobre su espalda yace Ra, el dios-sol creador, que viaja en su barco desde el amanecer hacia el atardecer. Asimismo, en la antigua Mesopotamia la astrología arcaica se desarrolló en el contexto de la adivinación a través de la lectura de entrañas, donde aparece la concepción del destino como algo negociable, al consultar la voluntad de los dioses (no es el pronóstico de un futuro predeterminado, sino un acto religioso). El punto clave se dará en el traspaso de estos conocimientos a la Grecia antigua, que establecerá una asociación entre los dioses griegos y la mitología planetaria autónoma. Mercurio, por ejemplo, (en griego Hermes) es el dios babilónico Nabu, patrono de la escritura, la erudición, un dios del intercambio; lo que hoy llamamos alteridad. Así, en este sistema completo de correspondencias astrológicas, los planetas comenzarán a gobernar el tiempo (por ejemplo, el día martes para el dios Marte).

De este modo, ya desde las bases de la antigüedad, la astrología será sentida como la correspondencia entre el cielo y la tierra, un “como es arriba es abajo”, donde los estoicos griegos predicarán la Unidad del universo, la relación del microcosmos con el macrocosmos, siendo la astrología el arte de interpretar dicha afinidad. Este pensamiento cruza la obra analítica.

 

¿Cuál fue la relación entre Jung y la Astrología que tú descubriste?

Hay una correspondencia muy interesante si observamos la obra más importante de Jung, Mysterium Coniunctionis. En dicho trabajo se plantea una forma de individuación (no heroica) que establece tres etapas. En un primer momento, la dialéctica del yo del sujeto con su sombra, que dará como resultado la posibilidad del autoconocimiento. En un segundo momento, ese autoconocimiento se deberá poner en tensión ante el encuentro con el alma, que dará por resultado una nueva síntesis, un sentido de individuación, una mitología personal. Pero el proceso no termina ahí. En un tercer momento, dicha individuación personal deberá vincularse con la individuación del colectivo, la relación del atman personal con el atman colectivo, de tu alma con el alma del mundo. Ahí aparece claramente la influencia del pensamiento astrológico, la afinidad del arriba con el abajo. Esa idea central que tomará la psicología analítica, que establece que la salud psíquica pasa por el descubrimiento de tu lugar en el mundo. Los sujetos contemporáneos enfermaríamos por la falta de sentido que se produce en una individualidad que no encuentra conexión con la individuación de lo arquetípico.

 

¿Cuál es la relación que ves entre la carta natal como representación de fuerzas de la psique con los conceptos de la psicología junguiana?

En este punto aparece el concepto de destino. La experiencia de conocer tu carta natal, implica la vivencia de sentir que algo nos mueve hacia la totalidad, de que no somos sólo el cuerpo del yo, sino una chispa de energía divina que tenemos en lo profundo del ser. A esto Jung lo denominó Sí Mismo, pero es una experiencia que está en las distintas miradas espirituales. Los Upanishap dicen “tat tvam asi” (eso eres tú), los budistas hablan del “Buda que llevas dentro” y para el cristianismo “padre e hijo son uno”. Puede pensarse la relación del sujeto con los planetas como una realidad profunda no dispuesta a los sentidos. Un Mundo Implicado, un mundo arquetipal que posee una energía poderosa. Un símbolo astrológico sería útil cuando es trasparente a lo trascendente, es decir, no es lo trascendente, pero apunta en dicha dirección, generando la sensación de destino. Estamos separados, pero gracias a la experiencia de la carta astral podemos experimentar un indicio de la Unidad Subyacente. Así por ejemplo, cuando pensamos en un aspecto difícil de la carta astral, o bien, en la posesión de un complejo activado con una carga traumática que te vincula con lo arquetípico, estos “dioses-arquetipos”, con ayuda y consejo profesional, podrían vivenciarse en el mundo interno, restándole algo de su energía vital, para vivenciarse con menos intensidad en el mundo externo. Sería una forma de Transformar la Energía psíquica, una Transmutación al estilo de los Alquimistas (el sentido profundo que para mí reside en la obra de Jung el Libro Rojo). Así por tanto, conocer la relación de la astrología con el concepto de arquetipo te da la posibilidad de tomar buenas decisiones, con un cierto grado de libertad, donde libre albedrío sería hacer gustosamente lo que uno debe hacer, pero para aquello debe haber la sensación de que el destino es lo correcto, es decir, lo que uno hubiese escogido.

 

Desde tu visión, ¿qué busca el consultante que se lee la carta astral, desde el punto de vista de la psicología analítica?

Yo considero la experiencia de la carta astral como una relación y un lugar de Bardo, de paso, un rito de pasaje con potencial heurístico. Y el gran aporte de Jung consiste en recordarnos que dicha relación, que el sujeto establece con las reglas de este mundo simbólico, no se fundan bajo los términos de la causa y el efecto, sino de la a-causalidad, propia de la teoría de la Sincronicidad. Pienso que este es un tema a profundizar. Podemos pensar en los consultantes de una carta astral, pero también en los pacientes de la consulta clínica. Uno puede como terapeuta y/o astrólogo, centrarse en los contenidos del sujeto, también puedes hacerlo en el vínculo que se establece, en la relación. Pero hay, digámoslo así, una expectativa secreta en las personas. Dicha expectativa consiste en la legítima necesidad de poner en relación el mundo interno con el externo, en encontrar la armonía que vincula su mundo personal (el “abajo” astrológico) con el mundo arquetípico de los dioses (el “arriba” astrológico). Pero dicha relación no puede ser planteada en términos de causa y efecto, donde pareciera que siempre las cosas terminan por ser forzadas. No, al parecer las personas que consultan requieren de una relación de sentido dada desde la vinculación profunda y a-causal del mundo individual y colectivo, la sensación de ser una pieza de un enorme reloj, de un mecanismo que nos implica a todos.