“Lo que más lo remueve a las personas que realizan la práctica mindfulness es lo amoroso”

La analista Susana Toloza lleva unos 10 años explorando las experiencias de meditación y su relación con la psicoterapia, lo cual la ha llevado a una reflexión profunda respecto de la meditación y la práctica de la psicología analítica. Con esta mirada escribió el artículo Mindfulness y Psicoterapia: escuchando el sufrimiento del alma en la depresión y la ansiedad, que fue publicado en el reciente libro Meditación, Mindfulness y Psicoterapia de los editores Ricardo Pulido y Edgardo Thumala.

La entrevistamos para que nos contara algunos descubrimientos en este camino de exploración.

 

¿Cómo llegaste a la práctica del mindfulness?

Desde que estaba en el pregrado en la universidad me cautivó un taller de autoconocimiento, que dictaba la profesora Virginia Espinoza. Ahí ella incorporó varias prácticas de meditación simples, imaginería también y ahí tuve algunas experiencias que me despertaron el interés desde lo personal en lo que yo pienso que es vivir una mirada contemplativa de la vida: el establecer una relación consciente con el todo. Me pasaba de forma natural hacer esa relación con espacios de calma; de estar consciente y en paz. Intuitivamente, desde la infancia, me ocurrían estas experiencias y no solamente hacia adentro sino también hacia fuera, con el entorno, con la naturaleza. Desde ese curso me quedó el interés de poder conectar esta mirada contemplativa con la psicología, no tuve más oportunidades de abordarlo en el pregrado de la carrera, pero siempre me quedó esa inquietud.

 

¿Cuándo comenzó la práctica más formal?

Luego de ese curso tuve un encuentro con el yoga y algunas experiencias con meditación Zen, pero no lograba hacer el puente con la psicoterapia hasta que en el Congreso de Psicología Analítica de Punta del Este el 2006 hubo una ponencia que me llamó mucho la atención, con un analista británico que buscaba la conexión entre el sentido de la espiritualidad y la psicología analítica, él compartió su experiencia personal, nos comentó que encontró el sentido de su individuación, su camino en la psicología analítica, pero que todo le hizo más sentido cuando descubrió el mindfulness.

Yo creo que en ese momento no entendí tanto, sin embargo me quedó una resonancia emocional. Yo dije: “esto me tincó”, me resonó con mi propia experiencia y empecé a buscar en Chile alguna posibilidad de formación y no encontré nada. Sincronísticamente , años más tarde, fui una vez charla del psiquiatra Sebastián Medeiros sobre la autorregulación y la capacidad del organismo para sanarse a sí mismo, y ahí él hizo una introducción para hablar de mindfulness, para mí fue una emoción tan grande porque sentí que pude encontrar eso que tenía pendiente hace tanto tiempo. Hice el taller Mindfulness Based Stress Reduction creado por Jon Kabat Zinn ypude sintonizar con esa forma de abordar la vida que es la capacidad de llevar la atención a la experiencia sin juicios, amorosamente, desde una actitud de consciencia que te permite observar y estar siempre en el presente, sin estar en la dinámica ansiosa de qué va a pasar, qué va a pasar. Al ver los efectos de la práctica en mí y en otras personas me motivé para integrarlo a mi vida personal y profesional, luego me formé como instructora.

 

¿Cómo vinculaste tu práctica del mindfulness con tu ejercicio profesional?

Al profundizar en el mindfulness descubrí que la psicología cognitiva y la psicología positiva lo habían incorporado y validado científicamente con éxito hace ya varios años, porque tiene que ver con el entrenamiento de la mente. Pero también me di cuenta que la psicología analítica tiene para el mindfulness un aporte inmenso ya que nos permite reflexionar acerca de la meditación, el encuentro con el alma y su relación con la individuación. Cuando te sientas y haces silencio y te quedas ahí, -de acuerdo a los paralelos comprensivos que yo hago- a veces empiezas a sufrir, física y mentalmente, surge el pensamiento, los juicios, las distracciones: para qué estoy haciendo esto, para qué me sirve. O al revés, soy “bacán”, estoy “iluminado”, estoy en otro nivel de vida… los complejos empiezan a activarse, también está la posibilidad de que surjan aspectos sombríos de la experiencia, en ese momento el yo observador puede llevar esta experiencia a la consciencia.

Además emerge la experiencia de la corporalidad, poner atención al cuerpo nos permite observar cómo el inconsciente se llega a expresar a través del cuerpo, dándonos señales del cuerpo simbólico. Por lo general, cuando esto ocurre una de las primeras experiencias que aparece es que la gente se estresa, o se quiere ir, lo empieza a pasar mal porque entra en contacto con dimensiones sombrías, lo cual no es una imagen necesariamente, sino el cómo te relacionas contigo mismo y tu experiencia. En esos momentos difíciles los patrones más disfuncionales emergen: la autoexigencia, el deber, el control: “yo debería”, “lo hice mal”, “no me resulta”. Entonces es cuando la práctica mindfulness te ofrece la posibilidad de mirar tus propios patrones de enjuiciamiento y sostener eso con amor a uno mismo, con comprensión y paciencia, sólo allí es posible la transformación.

Finalmente he visto que a las personas (y también lo digo por mi experiencia personal) más allá del entrenamiento de la mente, la experiencia que más los remueve es lo amoroso, la experiencia amorosa de re-amistarse con uno mismo y que es algo absolutamente desconocido para muchas personas. La experiencia de que es posible la aceptación y la autocompasión como ejes centrales de las enseñanzas de Buda.

 

Y eso tú lo has vivenciado.

Sí, la meditación enseña a dejar pasar las imágenes, pensamientos, juicios que son producto de la mente y volver a ti, a la respiración y luego profundizar en la experiencia interior, es así como se da cuenta de la emergencia de imágenes que podríamos relacionar con el Self, todo ese material simbólico en la psicoterapia analítica es material para elaborar.

La meditación y la psicoterapia analítica son experiencias distintas y ambas llegan de alguna manera a la misma fuente. De acuerdo a su experiencia C. G. Jung dijo: “yo, a través de mi disciplina pude llegar a lo que las prácticas orientales llegaron hace tiempo atrás; dando cuenta del patrón arquetípico que está de base.

En base a esta mirada, mi intención es invitar a la comunidad junguiana y los clínicos en general, a mirar la práctica meditativa como una herramienta o posibilidad en el camino de individuación y en la psicoterapia; y poder reflexionar acerca de cómo integrarla, quizás a modo de una técnica expresiva, o también en la contemplación de la relación analítica .

 

¿Qué has descubierto tú en esta reflexión desde la mirada junguiana?

En la práctica meditativa hay una experiencia emergente, que es el yo observador; es como si subieras a una colina y pudieras observar el paisaje con mayor amplitud, y estar, sin enjuiciar, sin evaluar, sin categorizar, sin establecer estos esquemas de la conciencia y a la vez ser parte del paisaje. Es una observación participativa, ser uno con el todo. Desde una mirada analítica, pareciera ser que en ese momento logras estar en tensión con los opuestos, logras estar en tensión entre el dolor y la inmovilidad, entre estar y no hacer nada, entre estar en silencio y en este silencio lleno de ideas. Es en ese momento donde se activa la función trascendente y emerge algo nuevo y te permite ser creativo en la vida, puede ser una imagen, una sensación, un insight, estar disponible a que surja algo, la amplitud de la consciencia integrada, la completitud.

En este punto yo me pregunto por el rol del Self. (Toma el libro y lee algunos párrafos): En este proceso de meditación se produce la autoregulación del Self reconocida desde la Psicología Analítica, la Ps. Humanista y Transpersonal. Podemos entender esta autorregulación desde la Psicología Analítica como la emergencia de símbolos que promueven la ampliación de la conciencia, símbolos a nivel de imágenes, sensaciones, luces, colores, recuerdos, todo lo que va pasando en la mente. El nuevo símbolo no es sólo una fusión de dos opuestos sino más bien un tercer elemento que lo trasciende. El proceso no es una elección del ego (a veces sí, cuando te pones a ordenar la agenda de la semana, comenta), sino intuido o revelado por el Self. Por medio de la función trascendente se posibilita una conciencia más amplia de la experiencia presente, se promueve el desarrollo de habilidades para relacionar los pensamientos, sentimientos y conductas.

Eso es importante decir que en la medida que uno va haciendo práctica, se desarrolla una habilidad que te permite tener una mejor relación con tu experiencia interior. La integración de aspectos disociados del Self es un objetivo de la psicoterapia y es uno de los aspectos que se favorece con la incorporación del mindfulness. Para esto se requiere de un terapeuta que haya trabajado su propia integración personal.

 

¿Y desde el punto de vista del analista, qué puede aportar el mindfulness?

Además de todos los beneficios y descubrimientos a nivel personal, que el terapeuta/analista tenga una práctica mindfulness facilita mucho el poner atención a la transferencia y contratransferencia. Estar atento al otro y a sí mismo, con todas aquellas emociones y sensaciones que comienzan a aparecer en el cuerpo, todos los juicios que emergen respecto del otro y de uno mismo, observarlo y soltarlo y poner atención a lo que está ocurriendo en ese encuentro, como un espacio que incluye el autocuidado del terapeuta.